ORANTE - Los grandes Doloridos


Los grandes Doloridos 

Entonces, señores, nuestro viajero se despierta una mañana solo bajo su tienda, en un mundo frio y sin perdon. Las cosas se han consumado. Descubre por primera vez verdaderamente la amargura de la soledad completa. Helo aqui dispuesto a tomar en si mismo el único camino todavía abierto: el de su montaña interior, que atraviesa ahora desiertos inmensos. 
Desearía también, señores, que se reuniesen los poemas, las novelas, las cartas, las músicas, los cuadros de lamentación de los hombres que encontraron a la verdadera mujer, luego la vieron desaparecer y penetraron entonces en la desesperación del gran destierro, volviéndose a encontrar desnudos, más desnudos que al nacer, sin otra elección que morir o engrandecerse. Señores, yo diría más bien: sin otra necesidad que morir o engrandecerse. Esta antología, este museo del destierro nos serviría ciertamente para comprender la naturaleza y la misión de la verdadera mujer, esa ausente. Este testimonio de Saint John Perse, permitame que se lo confiese, me conmueve muy especialmente: ¡Boca cerrada para siempre sobre la hoja del alma!... Se dice que abandonando la abundancia del lecho regio, y sobre esteras poco tupidas que frecuentan nuestras doncellas más delgadas, vive lejos de los arrebatos de la Reina demente (Reina acosada por las pasiones como por el flujo del vientre); y a veces, llevándose un trozo de paño al rostro, interroga a sus pensamientos claros y prudentes, como un pueblo de literatos en linde de las podredumbres monstruosas...

Lous Pauwels 

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